MÉXICO O EL ÚLTIMO HÁLITO DE FE

Los números en México ya no son alarmantes. Las muertes, desapariciones y secuestros se cuentan por decenas diariamente. Pero este puede ser el punto de quiebre, la última esperanza de cambio.

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Marcha multitudinaria por los desaparecidos de Ayotzinapa. Foto: Agencias

Cuando Luis Ángel Bravo, Procurador de Justicia del Estado de Veracruz en México, salió del ascensor tras tomar un café con las autoridades municipales de la ciudad de Córdoba, solo atinó a bajar la mirada al escuchar la pregunta: “¿Sabe que mientras estaba en su reunión, ocurrieron dos secuestros más en el estado?”, cuestionó un periodista peruano.

Previo al cafecito esa mañana de marzo pasado, el Procurador había reconocido el retraso en las investigaciones de los 122 niños desaparecidos en Veracruz o en las más de 500 denuncias de secuestro existentes en la Procuraduría General de la República (PGR) desde el año 2011. No eran más cifras frías: eran dos secuestros en proceso. Improvisó entre un tumulto de brazos y el resto de grabadoras periodísticas que recién se enteraban de la noticia y se marchó.

Su imagen, tan bien cuidada, era muy similar a la del presidente de México, Enrique Peña Nieto el 27 de noviembre pasado improvisando su “decálogo contra la inseguridad” en un país que convulsiona socialmente y que parece a punto de salir de control.

No señores. México no es el país envidiable que divisábamos a lo lejos hace años. Sus días transcurren entre raptos, marchas multitudinarias de estudiantes indignados y maestros hastiados, desapariciones de cuerpos con ácidos en los ríos, cañeros amenazando explotar gasolineras, aniquilamiento a candidatos, enfrentamientos entre fuerzas del orden e inmigrantes arrojados desde un tren llamado “La Bestia”.

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Enrique Peña Nieto, presidente de México, muy pocas veces brinda una entrevista al paso a los periodistas.

Era obvio. Los números en México ya no son alarmantes: el promedio es de 63 homicidios diarios, 20 desapariciones y 5 secuestros. El estado de alerta y la capacidad de sorpresa se han perdido. Todo ha sido un cúmulo de atrocidades que han hecho resignarse a gran parte de la sociedad. Para el 90% de ciudadanos, la institución más corrupta es la policía.

Tras la desaparición de 43 estudiantes al sur del estado de Guerrero, la consigna nacional tomó el nombre de la ciudad del hecho: #TodosSomosAyotzinapa, y se iniciaron las protestas que han hecho al priista Peña Nieto ofrecer un mensaje a la nación con promesas que lindan entre lo ridículo y temerario. “Línea 911 para emergencias; portal para rendición de cuentas; Ley contra la infiltración del crimen organizado en municipios; crear un sistema nacional de búsqueda de desaparecidos; entre otras”.

Tal vez, lo más impactante es la desarticulación de las policías municipales en zonas rojas en donde el narcotráfico se enquistó y dominó la zozobra. Su remplazo inmediato son agentes del Mando Único, acción que en estados como Veracruz, solo ofrece temor por su rudeza, rostros cubiertos y anonimato.

Quienes hemos visto los preciosos atardeceres en la Zona de las Altas Montañas y otras partes de México, sabemos que pronto, el sol dejará de ocultarse tímidamente por su juventud asesinada para brillar en un ambiente de paz. Los mexicanos lo saben también, a pesar de todo. Es la última esperanza; el último hálito de fe.

1 thought on “MÉXICO O EL ÚLTIMO HÁLITO DE FE

  • La realidad de nuestro país es cada vez más crítica. Ni siquiera las buenas intenciones de nuestros gobernantes podrán rescatar a una sociedad que vive angustiada por la desaparición de sus hijos o el aniquilamiento de inocentes.
    Supe que usted vivió en México, nuestro México, durante algunas temporadas y se siente en cada una de sus líneas.
    Continúe informando al mundo porque las voces que lo hacen nunca son suficientes.

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