EL PRIVILEGIO DE SERVIR

La mujer tras el volante de un auto amarillo.

 

Texto original publicado en el diario El Mundo.
Córdoba, Veracruz.


La primera persona que intentó subir a al auto recién estrenado de Dionisia Vallejo, una mañana cualquiera de diciembre del 2009, fue una mujer policía a la que insultó por instinto. La oficial cerró la puerta, dio un paso atrás sorprendida,  pero la señora Vallejo se disculpó desesperada desde la ventana del conductor. Fue el acto reflejo de protección y seguridad por no recordar que, desde ese mismo día, cualquier persona podría subir a su coche amarillo con blanco. Era la taxista novata de la ciudad.

A Dionisia Vallejo no le gusta que la llamen por su nombre. Prefiere “Dioni”, cosa que fue mutando hasta convertirse en “Jhony”, quien hoy lleva un polo de cuello color rosa y pantalón gris. El polo podría ser un distintivo para atraer clientes. En Córdoba, afirma, hay aproximadamente 10 taxistas y todas son reconocidas por la calidad de su servicio. “Ayer una señorita subió a mi taxi y recordó que hace un mes le hice un carrera. Su esposo no le creyó que diéramos tan buen servicio como ella decía”, me cuenta ‘Jhony’ Vallejo.

Esta es una profesión de varones. En la pista, sobre las cuatro ruedas, no hay discriminación ni favoritismo. “Todos los taxistas luchamos esquina a esquina por un pasajero. La cosa no es nada sencilla; no hay privilegios para nadie”, dice la señora, pero frena en esta esquina e invita a cruzar la calle a una mujer con su bebé en brazos.

La señora ‘Jhony’ estudió para ser estilista y vivió de ello gran parte de su vida. Junto a su marido, lograron sacar adelante a sus tres hijas. La menor, la única soltera, va a la universidad para ser maestra de pre escolar gracias al nuevo trabajo de su madre. Sin desconcentrarse, esta mamá taxista, encuentra el hilo conductor de su vida. “Yo creo que esto lo traigo en la sangre. Tengo dos hermanos taxistas  y uno trailero —comenta la madre de familia—; brindar este servicio a las personas es muy bonito”.

Jhony taxea más de 9 horas en una ciudad que reconoce la calidad de su trabajo lentamente.

Jhony taxea más de 9 horas en una ciudad que reconoce la calidad de su trabajo lentamente.

Ella es parte de la primera generación de mujeres taxistas que trabaja en Córdoba, pero la lucha para lograrlo es lo que menos le gusta recordar. Cuando quiso tramitar su placa de rodaje en Xalapa tuvo que viajar sola. ‘Jhony’ Vallejo busca un lugar donde estacionarse. Detrás de las lunas oscuras de sus lentes aparecen unas gotas de lágrimas. “Cuando me quisieron regresar porque me faltaba un documento, me perdí en una ciudad que no conocía. Estaba en un sitio desolado totalmente sola y sin ayuda”, recuerda la taxista.

La señora Vallejo acaba de cumplir 49 años. Luego de aquellas peripecias que sufrió para lograr tener esta herramienta de trabajo, lo que le da más satisfacción es el beso y abrazo de su hija el día que llegó con sus nuevas placas bajo el brazo. “Mi hijita me abrazó fuerte y me dijo, ‘mami tú lo puedes todo’. Todo mi esfuerzo es por ellas”, explica la mujer de la móvil 933.

Esta señora sale a trabajar a las 7 de la mañana y no para hasta las 5 de la tarde. Esto ha dejado de ser un oficio común y corriente. “Para mí trabajar es un privilegio y es lo que le enseño a mis hijas”, comenta. Es tiempo de que ‘Jhony’ Vallejo siga peleando por pasajeros hasta que sea hora de volver a casa. “Las mamás tenemos más de tres oficios: despertador, niñera, enfermera, nutrióloga, psicóloga y videntes”, me dice, pone primera y se marcha.

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