OPERACIÓN MASACRE: El mundo especula respecto a una instantánea

En 1993, el fotógrafo Kevin Carter capturó una de las imágenes más famosas que ha dado la vuelta al mundo. En ella aparece un niño caído en primer plano y al fondo un ave carroñera que observa atenta. La fotografía podría retratar la humanidad completa mediante decadencia, indiferencia y hambruna. Con ella, el fotógrafo ganó el Premio Pulitzer en 1994 y también se hizo acreedor a innumerables críticas: ¿Salvaste al niño de que se lo coma el buitre?, le cuestionaron. Carter se suicidó tan solo semanas después.

 


“Mi alma es demasiado débil; sobre ella pesa, como un sueño inconcluso,
la espera de la muerte y cada circunstancia u objeto es una suerte de decreto divino
que anuncia que soy presa de mi fin”.

John Keats

kevin-carter-vulture

Este año el fotoperiodista Kevin Carter podría haber cumplido 52 años. Tendría poco pelo y manos ásperas. Sus dientes estarían amarillos por los tronchos que fumaba y en su rostro habría varias arrugas de más. Conocería varios países alrededor del mundo, pero su mirada sería fría e inclemente. Sus ojos dirían la verdad: habría preferido morir antes de 1994. Quién sabe si posiblemente en 1993, aquel año de la fotografía que lo persiguió. Es decir, a fin de cuentas, a Carter no le gustaría estar vivo de ninguna manera.

Kevin Carter aparece cientos de veces en Twitter[1]. Lo saludan, aplauden, opinan, cuelgan fotos de su foto y lo critican también; es hasta un referente profesional. Por otro lado, la página oficial de Facebook[2] de Kevin Carter cuenta con 3.967 seguidores. Pero, el fotógrafo murió mucho antes de que las redes sociales sean lo que son hoy. Ni siquiera se dio el gusto de ir a una cabina de ‘un sol la hora’. Más allá de esto, los comentarios por su trabajo son bastantes continuos. La pregunta que merodea por el aire es, ¿por qué un artista tan conocido (o acaso conocida solo es la foto) tiene tan pocos seguidores? El tema no gira, me parece, en torno al periodista o la imagen, sino más bien, por la carga simbólica que recibió la fotografía desde el momento de su publicación.

Rudi Kurniawansyah
burung bangkai menanti “santap siangnya” seorang anak di Sudan yg sedang dijelang ajal

Un buitre espera la muerte de un niño en Sudán para almorzar (un banquete) bajo el sol. [3]

                Esta persona presenta, por enésima vez, la fotografía en cuestión en la página de Facebook. El detalle particular es cómo bajo sus palabras se esconde la descripción que el mundo le impuso a la imagen. Es un título que satanizó a Carter, pero que él jamás utilizó para su foto. Es un fragmento de historia creado en la mente de muchas personas. Un pensamiento estrecho de quien no conoce la realidad del lugar ni vive el oficio cámara en mano. El fragmento es parte de un todo. «No conocemos ese todo, sólo podemos adivinarlo. El fragmento abre ante nosotros un espacio que debemos llenar, darle vida», decía Ryszard Kapuscinski.[4] Entonces, ante la necesidad de una respuesta para la historia que se generó tras la foto, Carter expresaba lo más sensato, lo menos trágico cuando lo cuestionaban: “decía, en público, que él espantó [al buitre]”, explica su amiga Judith Maltoff.[5]

@Angelormrz

Me gustaría ser Fotógrafo de Guerra como Kevin Carter[6]

     

                Kevin Carter recibió el Pulitzer el 23 de mayo de 1994 en la Universidad de Columbia. El diario El País de España tituló:

“Premio Pulitzer para la imagen del hambre en Sudá”
“En ella se refleja el momento en que una niña sudanesa se derrumba en el suelo cuando trataba de alcanzar el centro de nutrición de Ayod, mientras que un buitre espera a unos metros de la víctima”.[7]

 

  ¿PARADOJA? La opulencia de Tiffany & CO. en contraste con la foto del niño y el “buitre” cerca a él.

¿PARADOJA? La opulencia de la reconocida Tiffany & CO. en contraste con la foto del niño y el “buitre” acechando.

Jimmy y Roman trajeron al mundo a su pequeño Kevin un 13 de septiembre de 1960 en la ciudad de Johannesburgo, Sudáfrica. Luego de terminar la secundaria, decidió estudiar farmacia, pero abandonó la carrera. Ingresó a la milicia y tampoco se mantuvo mucho tiempo[8]. Robó una moto y huyó. Poco tiempo después, no soportó la soledad en la que se veía inmerso y los conflictos personales que le generaba la vida militar y decidió envenenarse: ingirió un coctel de píldoras para dormir, antidepresivos y veneno de ratas. La muerte no le tendió la mano y más bien tuvo que volver al ejército. La segunda vez que la muerte pasó a saludarlo fue a los 23 años cuando una bomba le explotó muy cerca. Murieron diecinueve compañeros que hacían la guardia con él aquella noche. A Carter solo le quedó realizar una fotografía mental.

 

@RegisGalo13

Kevin Carter e a foto do menino com o urubu: uma história famosa e ao mesmo tempo complexa, cercada de lendas….

Kevin Carter y la foto del niño con el buitre: un cuento famoso pero al mismo tiempo complejo, rodeado de leyendas…. [9]

Kevin Carter tomó la famosa foto del niño el primer lunes de marzo del año 1993. Llegó hasta la pequeña aldea de Ayod[10] en un avión que llevaba ayuda a esa parte del país. El poblado no tenía más de 200 habitantes y sufrían una de las peores hambrunas de la historia mundial. Los fotógrafos tenían cerca de 30 minutos para trabajar y partir de regreso. Las leyendas dicen que Carter esperó 20 minutos para que el buitre entre a su encuadre. Yo me pregunto, ¿el niño habrá estado caído todo ese tiempo o fue mera casualidad y suerte profesional? Se dice que tomó la fotografía y se marchó. Otros tantos afirman que sí ayudó a que el niño se reponga. «El hombre que ajusta su lente para tomar la mejor fotografía del sufrimiento es un depredador, otro buitre en la misma escena», se publicó por esos días en la editorial de un periódico estadounidense.[11] Lo que el diario olvidó decir es que, si Carter hubiera tenido la amabilidad de venderles a ellos la fotografía —y no a la competencia— de aprovechado, inhumano y buitre no habría tenido nada.  

Isacc Pais

The photos he took, they are emotionally strong and realistic! Too bad he committed suicide, such an amazing photojournalist!

Las fotos que tomó son emocionalmente fuertes y realistas! Es una lástima que se haya suicidado semejante fotoperiodista! [12]

La foto apareció en el New York Times en marzo de 1993. Esta lo crucificó ante la audiencia que no comprendía su fin y sólo veía morbo en ella. Es el punto de quiebre que lo sumerge por completo en la droga no como adicción a ellas en sí mismas, sino adicto al escape que le generaban

La carrera de Carter como fotoperiodista fue ascendente desde sus inicios. El primer trabajo que tuvo fue en una tienda de rollos fotográficos y casi de inmediato ingresó al periódico Sunday Express. En 1984 inició sus labores en The Johannesburg Star, el diario más importante de Sudáfrica. Al poco tiempo lo invitaron a laborar en The Sunday Tribune. Ya en 1990 fue nombrado editor fotográfico en The Daily Mail. Tres años después fue contratado por la agencia Reuters y a las pocas semanas, enviado a cubrir zonas de conflicto, entre ellas Ayod. Como dijimos líneas atrás, Carter viajó en un avión de ayuda humanitaria. Sin embargo, el fotógrafo y crítico de cine, Hilario Rodríguez, afirma lo siguiente: “Mercenarios en busca de premios Pulitzer o dinero [fue lo que demostró ser]  Kevin Carter al fotografiar a un niño moribundo en Sudán mientras un buitre esperaba su final, sin que hiciese nada en absoluto porque –al parecer- ayudar al pequeño no habría tenido tanto tiempo en las conciencias occidentales como capturar una instantánea.”[13] Lo que Rodríguez no recuerda es que su contemporáneo, Carter, no llevaba comida en la mano para alimentar a cada hambriento con el que se cruce. No tenía una galleta en el bolsillo para el niño ni podía llevarlo a otro sitio puesto que tenía padres. ¿Qué se supone que debió hacer Carter? La misión del periodista es, únicamente, cumplir con su trabajo de manera veraz; cumplir con su función de capturar la realidad, en el caso del fotoperiodista. Kevin Carter era «un fotógrafo extraordinariamente valiente; dedicado a su trabajo», dijo Anton Harber, editor de Weekly Mail y The Guardian, el 30 de julio del año 1994 para Los Angeles Times.[14]

“His picture of an emaciated girl collapsing on the way to a feeding center, as a plump vulture lurked in the background, was published first in The New York Times and The Mail & Guardian, a Johannesburg weekly”.(The New York Times)[15]

 

            La fotografía fue publicada en el New York Times el 26 de marzo de 1993. Toda vez que lo catapultó con el Pulitzer, lo crucificó ante la audiencia que no entendía la razón de ser de una foto así. Generó un remolino de críticas y cuestionamientos al periodista. No fue hasta tiempo después que se supo que el buitre estaba a 20 metros de distancia y que al otro lado estaba el centro de comida dispuesto por la ONU. Solo quienes hayan tomado una cámara en sus manos podrían entender que no es una herramienta, sino una extensión propia, personal; parte principal de un engranaje para estar aptos y ponerla a disparar en cualquier momento.

Kevin Carter cubriendo un enfrentamiento en Alexandra.Foto: Guy Adams - Johanesburgo

Kevin Carter cubriendo un enfrentamiento en Alexandra.
Foto: Guy Adams – Johanesburgo

El 15 de abril de 1994, Carter recibe una llamada. Le avisaron que era el ganador del premio de ese año. Tres días después, la muerte vuelve a pasar cerca a él y lo ignora. Carter se encontraba con su amigo Ken Oosterbroek esperando una comisión fotográfica. Minutos después lo tuvo que dejar por atender una entrevista. Casi de inmediato se entera que habían disparado a quemarropa a su amigo. Este es el punto de quiebre final. El momento en que pierde los últimos destellos de estabilidad y se sumerge por completo en la droga. Las drogas, en el punto de Carter, no son la adicción a ellas en sí mismas. Son la adicción al escape; y escapar solo lo conseguía con ellas. Más que el gusto de drogarse por drogarse, era la forma de liquidar sus temores y fantasmas, sus dolores y recuerdos, las imágenes capturadas que tomaban vida en los negativos de su memoria.

            Pero antes de continuar, terminemos de cerrar el contexto de la fotografía con el niño en la foto (en algún momento se pensó era mujercita). Pues bien, Kong Nyong, como se llamaba, no murió luego que Carter se marchó; no murió por la indiferencia del fotógrafo ni fue presa del ave. No estaba en un lugar abandonado aunque la imagen así lo sugería. Se encontraba en una suerte de baño público a campo abierto. A palabras simples: Kong estaba defecando y Carter esperó que todos los elementos (dramáticos) necesarios entren en su encuadre para hacer su disparo. Un equipo especial del diario El Mundo de España viajó tras el rastro del niño en el año 2011. Kong Nyong no los esperó.

Sin embargo Carter se fue antes y al irse había buitres y niños hambrientos. Hoy aún hay hambre y buitres y Carter no está. Con o sin foto todo sigue igual. Con o sin foto cualquier comportamiento humano es inhumano aún. El 27 de julio de 1994, solo tres meses después de la muerte de su mejor amigo, decide esta vez, no dejar pasar una oportunidad más. Se estacionó frente al río donde pasó su infancia jugando y corriendo. Puso su casete preferido en el equipo de su radio y mientras la cinta empezaba a correr, miles de imágenes vinieron a su mente, pero una sola lo siguió atormentando. Tomó lápiz y papel. Agitado, meditó unos segundos, pero la decisión ya había sido tomada. Escribió una nota que colocó sobre el tablero del copiloto. Abrió la puerta del vehículo y bajó de él. Conectó una manguera desde su tubo de escape hasta el interior del auto. Al sentarse nuevamente al interior, antes de marcharse, posiblemente Carter cerró los ojos y visualizó por última vez la imagen del niño africano y se dejó ir. 

En Sudán, el padre del pequeño Kong Nyong, toma la foto de su hijo y lo reconoce de inmediato. Una de las fotos más célebres del mundo está entre sus manos  y el protagonista es su hijo. Acaba de enterarse de la famosa historia ahora que los periodistas españoles se la narran. ¿Se romperá el estigma que existe sobre el nombre de Kevin Carter? ¿Le quitará el peso de encima con su respuesta? “Mi hijo superó esa hambruna”, dice el padre. El buitre no lo devoró, “a mi hijo se lo llevaron unas fiebres hace cuatros años”, sentencia.


[1] En la búsqueda primaria como #KevinCarter o ‘Kevin Carter’ en Twitter.

[2] Nos referimos a una fan page creada por Patricia Lorinţiu en honor al fotógrafo.

[3] En Facebook. Traducción no literal.  

[4] Cfr: Kapuscinski, Ryszard. 2003; 103.

[5] Cfr: Maltoff, Judith. En: http://www.elmundo.es/multimedia/?media=FtsPAa34ZPX

[6] En Twitter.

[7] Cfr: El País. 1994. En: http://elpais.com/diario/1994/04/14/sociedad/766274417_850215.html

[8] Mención aparte debería merecer esta etapa en la vida del fotógrafo. Carter no soportó más la discriminación que existía en Johannesburgo por las personas de raza negra que, paradójicamente, significaba la mayor parte del porcentaje de personas del territorio.  Al respecto de esto, el periodista Álvaro Fernández explica: “En el Ejército de Sudáfrica [Carter se encontró con] “La defensa del Régimen del Apartheid”. Defensa que iba en contra de todos sus principios, lo que hizo que entre sus compañeros se le conociese como el kaffir-boetie (el amante de los negros).”

En: http://www.apartemagazine.es/2011/05/kevin-carter-la-muerte-frente-al-objetivo/

[9] En Twitter. Traducción no literal.

[10] Ayod está ubicado en Sudán del Sur.

[11] Crónica. 2011; 4. Publicación del diario El Mundo.

[12] En Facebook. Traducción no literal.

[13] Cfr: Rodríguez, Hilario. 2007; 50. Cultural (Madrid). Publicación el diario ABC.

[14] Cfr: Harber, Anton. En: http://articles.latimes.com/1994-07-30/news/mn-21435_1_kevin-carter

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