LA REVOLUCIÓN CUBANA (Parte 2)

Cuba vive tiempos de incertidumbre y nuevos aires (o nuevas vistas).
Se flexibilizan ciertas medidas propias de una dictadura de años.
Esta es una lectura sobre lo que se viene gestando en la isla.


El alimento no falta, pero quienes comen lo mejor son los turistas. La educación es buena, pero apresan a periodistas que estudiaron en sus universidades. Hay profesionales que en sus días libres deben conducir un taxi. La censura no ha cesado. La represión no ha disminuido. Sin embargo, a poco más de 50 años del ingreso a La Habana de Fidel Casto y su posterior toma de mando en la Jefatura de las Fuerzas Armadas en 1959, algo está cambiando y los cubanos lo notan ante ciertas medidas.

A finales del año 2011, el gobierno de Cuba levantó la prohibición de comprar y vender viviendas. Las fotografías que publicaron las agencias extranjeras, mostraban una serie de carteles en los balcones de las casas o hasta en los árboles de la calle, que parecían haber sido escritos para una fiesta. Sus dueños se encontraban junto a las pancartas con rostros de ilusión sin importarles las cláusulas que traía la reforma: sólo podrán ser propietarios los ciudadanos cubanos y los extranjeros con residencia en el país; se mantiene la prohibición de poseer más de dos casas: una en la ciudad y otra en la playa o en el campo; las transacciones se realizan mediante pago bancario más un impuesto del 4%. Entonces, ¿por qué la sonrisita?

LÍNEA DE TIEMPO

El bloqueo que, al inicio fue paulatino y luego castrante que ejerció Estados Unidos sobre Cuba desde el año 1963 solo buscaba una cosa: hacer trastabillar la revolución mediante inanición de ayuda e insuficiencia por aislamiento global. A cambio de esto, el gobierno cubano encontró en la Unión Soviética (URSS) un aliado que jugaría un papel importantísimo en la supervivencia del país. El primer acuerdo que firmaron incluía un crédito de cien millones de dólares y un tratado para la venta de petróleo y compra de azúcar. Esto se extendió aproximadamente desde el año en que Castro asume el poder hasta 1989 con la caída de  la URSS.

Ahora bien, recordemos que el bloqueo fue básicamente económico. Pero, aún cuando el país caribeño no se hundió, sí colaboró con el aislamiento. De este modo, se generó una suerte de bloqueo ‘hacia adentro’. Las llamadas telefónicas siempre fueron restringidas y además rastreadas o grabadas. Para cuando el boom del Internet apareció, solo se podía usar en hoteles privados (esto sucede hasta ahora) y a un costo altísimo. Durante muchos años, los correos electrónicos salían desde Cuba, pero muy rara vez ingresaban.

Hemos de recordar que en el 2006 Fidel Castro abandonó, provisionalmente, la presidencia del país y la cedió a su hermano (Raúl Castro) para realizarse una operación intestinal, pero en el 2008 presentó su renuncia formal a la presidencia. Ahora bien, ¿por qué el actual presidente reduce ciertas leyes instauradas por décadas?

En la última edición de la revista National Geographic, la escritora  Cynthia Gorney sostiene que, «los teléfonos celulares de los que tanto dependen los cubanos –antes de Raúl estaban prohibidos, ahora se ven por todas partes– se venden —afirma la periodista—, tanto el aparato como las tarifas por minuto».

Cuando Cuba se vio encerrada solo pudo realizar ciertos intercambios comerciales con parte de Europa. De hecho,  recién en el año 2000 firmó un acuerdo con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez en el que se brindaban servicios médicos cubanos a cambio de petróleo. Pero de un tiempo a esta parte, se puede observar una «enorme plataforma petrolera en aguas profundas que explora el lecho marino cubano, el cual se cree contiene el equivalente a miles de millones de barriles de petróleo» informa Gorney en su reportaje. ¿Esto es una búsqueda de otras posibilidades para hallar un desarrollo económico urgente ante una serie de necesidades?

Cuando Fidel Castro llega al poder, instaura una serie de medidas para que el cubano trabaje su propia tierra, no le falte sustento de parte del Estado y de este modo se limite la necesidad de actores privados en el país. El sitio web Cubanális.com sostiene que, «el número de pequeños negocios –llamados cuentapropistas, o gente que trabaja por cuenta propia— [llega a] unos 150,000 hoy en día». Es decir, más de cien mil cubanos que el Estado ya no protege, pero que le generan ingresos. ¿Entidades privadas unipersonales a las que no consideran influencia capitalista? A esto hay que adherirle que las tierras agrícolas del Estado ahora se arriendan en partes a agricultores privados y cooperativas, y otras clases de autoempleo legal se promueven también con entusiasmo, informa el Centrocultural.coop desde Cuba.

A inicios de los años 60, el suceso [la revolución] era heroico, pero poético a la vez. Sobre todo, cuando los ciudadanos sentían que la medida estadounidense era un acto desesperado de venganza. Por supuesto, dos años antes las tropas de Cuba liquidaron miles de soldados norteamericanos y cubanos exiliados que financiados, preparados y dirigidos por la CIA intentaron invadir la isla desde la Bahía Cochinos. Un operativo militar frustrado. Sin embargo, no todo el crédito se le debe otorgar al gran entrenamiento de los soldados cubanos sostiene Julio Cotler. El analista peruano comenta que, «hay tesis que afirman que la invasión fue un fracaso por los conflictos interburocráticos existentes en Estados Unidos. Fue una operación que salió totalmente descoordinada entre las agencias federales del país —comenta el sociólogo Cotler—; entraron a  una competencia desbordada, pero que suelen aparentar al exterior que todo marcha bien».

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LA NUEVA REVOLUCIÓN

La censura en Cuba es algo sumamente natural. Básicamente aplicada so pretexto del respeto a la ideología y revolución: quienes critiquen al gobierno son unos traidores, vendepatrias o están al servicio de los intereses estadounidenses. Quienes cuestionen la razón y crean que es más adecuado mantenerse en silencio antes que ser apresados, son parte de una generación de conformistas que ahora miran cómo sus hijos o nietos hacen frente a las injusticias temerariamente.

No son despistados los que se arriesgan ahora por el instinto de libertad y exigen respeto a los derechos de los que gozan los seres humanos, pero que en Cuba no se ejercen. Como si ser cubano no aplicara para ser humano ante el totalitarismo.

Las protestas frontales hoy son más públicas que antes. El bloqueo hacia adentro va desapareciendo y el Internet rompe las fronteras que existieron. Los cubanos indignados como Yoani Sánchez y Guillermo Fariñas son una suerte de abanderados de esta especie de revolución.

En noviembre del año 2011, el Comité para la Protección de los Periodistas avisaba que, hasta la fecha en que emitió su informe –como nunca en la historia del país tropical—no existían periodistas presos en la isla. Era un triunfo de cierta manera debido a que, según informaba la misma organización, a lo largo de la historia, Cuba y China eran los dos países con más periodistas presos. Sin embargo advertían: “la victoria es incompleta hasta que no se pueda informar con seguridad en la isla.”

Cinco meses después de esto, José Antonio Torres fue sentenciado a 14 años de cárcel y suspensión de su título universitario por haber publicado, en el diario Granma (periódico oficial) el mal manejo del gobierno en un proyecto de construcción. Son catorce años tras las rejas por haber ejercido el periodismo que el mismo país le enseñó. La ola de protesta fuera de los tribunales fue total. Todos los periodistas (que se consideran críticos del gobierno) hicieron guardia frente al edificio. ¿Cuál fue el resultado? Una serie de profesionales detenidos; Yoani Sánchez y Guillemo Fariñas presos también cuando acudieron a interesarse por la situación de otros cubanos.

Del mismo modo, rompen el silencio establecido bajo la dictadura, jóvenes intelectuales que nacieron dentro del sistema y que no tuvieron más remedio que vivir bajo la sombra fría del despotismo: médicos, psicólogos, abogados que muchos de ellos se han vuelto colaboradores periodísticos o de pensamiento en muchas páginas web jugándose con ello su futuro como hombres ‘libres’. Son todos juntos quienes le dan realce a esta vendetta que nuevamente parece un gesto de justicia poética.

Si bien es cierto, el encarcelamiento de estos periodistas no es un caso aislado (cuando menos no este año) ya que, en poco menos de doce meses, se han registro numerosas detenciones en el país. No podemos descartar que este aumento de la represión pudiera ser causado por un mayor atrevimiento por parte de los ciudadanos (grupos, proyectos, iniciativas) que buscan alzar la voz de una buena vez por iniciativa propia. Los casos de represión, como queremos hacer entender, son interminables y son un brote extraño en lo que va de este año.

Esto puede ser causado hasta por cierta alarma al interior del gobierno que, con Raúl Castro a la cabeza, no ve una salida viable a la situación de descontento que vive el país. El reloj, en el caso de Cuba, va de reversa. Las libertades que exigen los ciudadanos son válidas y propias. El presidente está buscando la manera de que la revolución de brazadas y no manotazos de ahogado. Es por esto que Raúl Castro envía su Ministro de Relaciones Exteriores a dar un discurso ante la Asamblea General de la ONU que votará por una nueva resolución contra el bloqueo de Estados Unidos a Cuba.

La flexibilidad de ciertas medidas por parte del gobierno podrían hacer pensar que, Castro no ve salidas que puedan ayudar a que el ‘proyecto’ pueda durar muchos años más. Razón similar para pedir, hoy más que nunca, que se levante el bloqueo sobre la isla. No existe un remplazo aparente, con el mismo peso político, para que tome el mando. El mundo aún está a la espera de una Cuba sin odios ni exclusiones, sin persecuciones o ni censuras.

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