Proceso de paz: una lucha de esperanza y sociedad

Colombia se ha sentado a dialogar y negociar con las FARC. 
Hasta ahora el proceso parece no dar resultados.
Un breve análisis a modo de recuento.



En una semana se cumplirá un mes desde la primera reunión inaugural del proceso de negociación entre el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en Oslo, Noruega. Sobre la mesa se pusieron una serie de requisitos (de ambas partes) para el entendimiento y mejor manejo del diálogo. Ambos equipos estuvieron integrados por diez representantes y cinco suplentes. Las formalidades del caso y la buena intención, han hecho que hasta ahora, el pueblo colombiano tenga total esperanza en que se podrá lograr el fin de tantos años de terror y angustia generada por la guerrilla. Cuando menos, es lo que se esperaba.

Lo más escalofriante es que las FARC fueron claras y advirtieron que el acuerdo no imponía un alto al fuego como señal de paz. De este modo, las ‘conversaciones exploratorias’ (que además fueron secretas) en Cuba, 6 meses antes, dieron como resultado la cita que se celebró en Noruega el 18 de octubre pasado. Ahora bien, luego del evento de conversaciones, se encuentra en agenda volver a Cuba para el siguiente encuentro. Si la mayoría de tratados y países independientes consideran a las FARC un grupo terrorista porque se involucran y comprometen con el sufrimiento de los colombianos, solo Cuba y Venezuela no los tildan de igual manera, sino como fuerzas beligerantes. Es más, Cuba es una suerte de socio, aliado [protector] desde la fundación del movimiento en el año 1964.

Las bases para lo que dure el proceso fueron establecidas en el “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, que es el producto final de las conversaciones en La Habana. Pero, a pesar que el solo hecho o el gesto en sí de ambas partes, ya es algo sumamente plausible, hay ciertos aspectos a los que les debemos prestar atención. Estos son de vital importancia para que forjemos la idea clara de por qué Colombia no puede dejar pasar más tiempo a esta lucha incesante.

 

PUNTOS PARA ACLARAR

Es imprescindible recordar que el conflicto armado que viven los colombianos data de hace 48 años atrás. Si bien es cierto, las FARC se inician como movimiento marxista–leninista, hoy su ideología ha variado hasta casi desaparecer, pero manteniendo una sola forma latente: el uso de la violencia extremista como método de lucha con fines políticos.

A lo largo de los años, se han dado varios intentos de negociación que siempre se frustraron. El diario El Espectador de Colombia, emitió un informe en marzo de este año donde hacía el recuento exhaustivo de las 10 veces en que se buscó un acuerdo de paz. Lo peor es que en la mayoría de las veces, luego de que rompieran las formas y las FARC patearan el tablero, se desencadenaba tragedias como asesinato de civiles o de políticos en cautiverio.

Además de esto, el grupo armado, ha mostrado sus vínculos en un negocio (muy conocido en nuestro país) con el narcotráfico a escala Latinoamericana. La figura, tal como la conocemos por Sendero: brindar protección a narcotraficantes a cambio recibir buena tajada de dinero.

Se calcula que el movimiento terrorista colombiano tiene entre sus miembros entre 8000 a 13000 guerrilleros. Una de las principales armas para generar caos en la población es el secuestro de ciudadanos. Al respecto, Clara Rojas, ex rehén de las FARC y actual directora de la ONG Fundación País Libre, sostuvo en El Nuevo Herald que, solo en los tres primeros meses de este año, se habían registrado 81 personas secuestradas. Cifra alarmante comparada con el reporte del año 2008 en que el total fue 155.

Estas ideas anteriores pueden aclarar el panorama de lo difícil que es establecer un proceso de paz, pero afirma la necesidad de activar mecanismos que guíen al mismo punto. La beligerancia de sus mandos paramilitares debería estar limitada, cuando menos en la mesa de diálogo, donde hasta ahora solo han querido lograr propaganda mundial desde Noruega a Cuba.

Las relaciones internacionales y conexiones con grupos armados extranjeros es una las características de las FARC. ETA de España e IRA de Irlanda han mostrado su simpatía y cooperación por el grupo colombiano. Estos vínculos quedaron expuestos y se verificaron cuando se logró recuperar la computadora de camarada ‘Raúl’, abatido en Ecuador en el año 2008 por militares colombianos.

El Gobierno colombiano y las FARC en Noruega instalaron la mesa de negociaciones de paz.

El Gobierno colombiano y las FARC en Noruega instalaron la mesa de negociaciones de paz.

EL TRATADO NO SECRETO

La compleja, pero necesaria mesa de diálogo, ha hecho que Colombia incluya en el acto a países garantes como son Cuba y Nicaragua y como amigos acompañantes, Chile y Venezuela. Esto, así como los pormenores del proceso de paz, no se debieron conocer puesto que todo era secreto (no únicamente los diálogos en Cuba), pero salió a la luz vía una filtración del canal venezolano, Telesur, el 27 de agosto que pasó. Así fue como la atención de gran parte del mundo se centró en el asunto. Llovieron celebraciones y críticas.

Obviamente, lo primero que ocurrió fue criticar duramente al presidente Santos por haber mantenido oculto el hecho. Esto significó que se especule sobre las razones exactas que se tenía para mantenerlo en privado. El gobierno tardó mucho en dar un comunicado oficial.

El punto crítico se dio cuando dentro de la filtración, aparecieron una serie de documentos y hasta el acta firmada: una suerte de primer borrador de las negociaciones. El gobierno se encontró en aprietos debido a que muchos consideraron una lectura prematura de los resultados. «Todo hace pensar que ya se llegó a un acuerdo básico antes de las reuniones [de Cuba y Noruega]», explica el internacionalista Ariel Segal. «Ahora solo se afinan detalles», sostiene.

Lo afirmado por Segal guarda mucho sentido si entendemos que, a estas alturas, las FARC podrían haber concebido un acuerdo previo en la mesa privada y hacer alarde (sino desistir de participar) prepotentemente cuando los actos son públicos. El mismo encuentro de hace un mes en Oslo pareció una vitrina para el grupo armado. Luego de que las conversaciones iniciaron y se leyeron el discurso de ambas partes, los equipos dieron una conferencia. En la conferencia de las FARC, Jesús Santrich, respondió a un delegado del gobierno, que se había mostrado inconforme con la cita,  diciéndole: “Tranquilo, apenas estamos empezando”.

El gran temor es que las cosas se salgan de control y el acuerdo de paz que se busca no llegue a ninguna parte. «Con una guerrilla como las FARC, yo no confiaría que se cierra un acuerdo hasta que, no solo se firme, sino que dejen las armas», sostiene el analista venezolano Ariel Segal.

A grandes rasgos, los puntos de la agenda de negociación por la paz son, el desarrollo agrario; un proceso integral para el fin del conflicto; derechos humanos de las víctimas y el proceso de la reconciliación asociado (es decir que se valore la reconciliación en caso de juzgamiento; solución del problema de drogas ilícitas.

Sin embargo, el punto que más preocupa es el requerimiento de participación política. En este caso, quedaría expuesta la posibilidad de que las FARC pongan en marcha un partido político.

Ahora bien, ¿cómo sabremos si el proceso está avanzando? Es decir, todo hace pensar que los resultados que se obtendrán serán muy difusos ya que se tendrán dos tipos de dimensiones que analizar. La privada, seria, concreta y la forma pública,  escandalosa y mediática (esta última forma es la que más propaganda le otorga a las FARC). Es por eso que lo ideal sería lograr una adecuada participación de los países acompañantes para que su participación y recomendaciones sean vinculantes.

Si la cita de La Habana, este 15 de noviembre, tiene un tono distinto, podemos empezar a pensar que el rumbo ha variado. Que la sociedad colombiana recibirá aires nuevos en ese largo proceso de paz que buscan ambas partes.

Cuando llegue el fin y firma de los acuerdos, en caso Colombia salga triunfadora, recibirá un amplio espacio de su territorio para efectos productivos agrícolas que hasta hace poco era territorio liberado y de las FARC. Esto significaría un  progreso nada desestimable de inyección económica al país. En caso no resulte de ese modo, todos los países garantes y acompañantes habrían sido parte de un ejercicio inútil que generará polémica en la región en la que podremos pensar que las FARC se han reafirmado. Ya nadie desea que pase más tiempo. Ni el pueblo (mediante el gobierno) ni los mismos mandos del movimiento. Estos últimos, de cierta manera, ya se sienten cansados de tantos años de enfrentamientos con los militares respirando sobre sus nuca. La esperanza es de ellos, de todos los colombianos, pero de Latinoamérica también.

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