CONFLICTO ANUAL

Japón y China gestan momentos tensos todos los años por estas mismas fechas.
Ambos países disputan desde tiempo atrás la posesión de unos islotes.
La situación hasta hoy es muy tensa.

Que dos países intenten solucionar sus discrepancias limítrofes en organismos internacionales es bastante racional. Sin embargo, que algunos no lo apliquen ocasionando que sus ciudadanos realicen marchas de protestas casi anuales es algo ilógico. Inaceptable. Peor aún  si son dos potencias como China y Japón que desde hace decenas de años sufren tensas crisis por la propiedad de una serie de islas que no se sabe a qué país le pertenece a ciencia cierta. Este conflicto es un síntoma más de una serie de hechos que los ha enfrentado a lo largo del tiempo.

El 04 de septiembre pasado, el diario Asahi de Japón informaba que el gobierno de Tokio había tomado la decisión de comprar, a propietarios privados, las islas que se encuentran en disputa (archipiélago Senkaku para Japón y Diaoyu para China). Se generó así el punto de quiebre para que extremistas chinos justifiquen actos vandálicos en lo que se ha denominado “protestas antijaponesas”.

Las relaciones diplomáticas entre Japón y China pasan desde hace un tiempo momentos muy tensos. Si ambos países cayeran en un conflicto armado, traería consecuencias de alcance global. La primera señal de este desafortunado momento es lo que ocurre ahora mismo: marcas japonesas (con sede en China) decidieron detener sus operaciones de producción. Encabezan la lista, Panasonic, Canon o Mitsui que han preferido resguardarse ante la vorágine de marchas beligerantes.

El hecho de que Japón decida comprar las islas (islotes para ser exactos), por 2.050 millones de yenes, algo más de 25 millones de dólares y que se encuentran totalmente deshabitados, solo guarda relación con que se encuentran rodeadas por zonas muy favorables para la pesca y posibles yacimientos de gas o hasta petróleo.

Por su parte, los rebeldes chinos, que se cubren con mantos de respeto por la historia —Japón, al comprar las islas, se estaría burlando de la invasión que hizo sobre China en el año 1931 y que cada año los japoneses conmemoran y recuerdan— encuentran el mejor pretexto para causar zozobra. A los ciudadanos de Japón que residen en China, el gobierno les ha pedido que no hablen japonés en voz alta y que no tomen taxis solos.

El 13 de septiembre pasado, Jiang Zengwei, viceministro de Comercio chino, advirtió que un posible conflicto daría como resultado “un impacto negativo en los lazos económicos y comerciales” entre los dos países. En el intercambio bilateral, únicamente en el año 2011,  ambos países, obtuvieron una cifra cercana a los 345.000 millones de dólares. La fotografía del día siguiente fue terrible. Empleados (chinos y japoneses) sentados en la puerta de las empresas japonesas en Tokio rodeados de escombros causados por la turba de desadaptados chinos. La historia solo parece un déjà vu de lo ocurrido hace dos años cuando centenares de personas intentaron tomar la embajada de Japón en China para exigir la liberación de un compatriota que pescaba cerca a las islas y que fue arrestado por fuerzas niponas.

Ciudadanos japoneses desembarcaron  sin autorización en una isla del archipiélago que Japón se disputa con China.

Ciudadanos japoneses desembarcaron sin autorización en una isla del archipiélago que Japón se disputa con China.


Hillary Clinton, secretaria de Estado estadounidense, hizo un llamado a la calma a ambos países, días antes de una visita a Pekín. De inmediato, China avisó a Washington que no se involucre en las disputas. De este modo, los gobernantes chinos ocasionaron que los revoltosos también hagan protestas frente a la embajada americana. De hecho, este conflicto por las islas no solo involucra a Japón y China, sino a este último país con los aliados regionales de EE.UU. (que en este caso serían Japón y Filipinas). Luego de la primera guerra mundial, Estados Unidos, firmó un pacto en el que entregaba la soberanía de las islas Senkaku a Japón, pero que China jamás quiso reconocer alegando que éstas habían sido utilizadas por ellos desde épocas ancestrales.

 El tema del conflicto generó a lo largo de los años una suerte de nacionalismo chino escandaloso. En el 2005 miles de personas marcharon por las calles de Shanghai y atacaron el consulado nipón. Con gritos y pancartas en mano se recuerda: “los invasores japoneses deben morir”. Muchos restaurantes de comida japonesa fueron destruidos por protestantes chinos que pidieron se respete su propiedad sobre las islas así como  pidiendo se respete su propiedad de reconocer los crímenes que cometió durante la invasión a China en la primera mitad del siglo XX. Estas protestas se produjeron una semana después de que fuera atacada la Embajada en Pekín.

Ya buques japoneses y chinos navegan alrededor de las islas. Cada día la situación se pone más tensa y no hay un acuerdo que los lleve a la vía diplomática. Esos principios nacionalistas de intolerancia de ambos lados podrían desencadenar el inicio de un conflicto de alcance global si no se ponen paños fríos en el asunto.

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