Informe desde ICA*

Ica: tierra de sol, uvas, zapateo de espárragos viajeros y nubes de algodón en una cruda realidad.



La vida no siempre es como uno quisiera. Quizá allí estribe la expectativa sobre el futuro y el espíritu de lucha para alcanzar ideales. Ica soportó un terremoto de 8.1 grados que los obliga, hasta hoy, recuperarse de ese 15 de agosto de 2007, en el que la naturaleza se hizo presente para despertar letargos y recordar precauciones. A pesar del esfuerzo conjunto de las autoridades y el pueblo, aún “queda mucho por hacer.” Visitamos sus calles, su campiña y los lugares donde aún se escuchan los quejidos. Lugares recuperados de la desgracia y  los otros, donde el reloj se detuvo aquel fatídico día, porque no cambió nada. Porque se perdió todo y no se ha hecho nada. Probablemente el verbo precaver aún no haya sido conjugado en tiempo presente y menos en tiempo futuro.

La no prevención

Para esta época del año, el caudal de los ríos aumenta significativamente como siempre. Las decisiones a tomar deben ser de prevención y no después de hechos consumados. Reconstruir siempre fue más difícil y caro que prevenir. Aún cuando la crecida es habitual todos los años, en esta ocasión más de 150 familias resultaron afectadas por el agua que sobrepasó las compuertas del río Ica, que no se encontraban completamente abiertas para la circulación. Esto sucedió a la altura del puente Los Maestros. ¿Qué dicen las autoridades? «Que si el agua se va para el lado derecho, iría sobre los sembríos, por ello no se ponen muros de contención», afirma Ángela Vargas, periodista de un diario local. Todo lo que iba ocurriendo, en horas de la madrugada, obligó a los encargados a romper parte de una bocatoma para detener la inundación, como sucedió en el distrito de Los Molinos.

 

 

Rastros del bloqueo en compuertas del puente Los Maestros.

 

A más de tres años

Comatrana es un antiguo caserío ubicado a tan solo cinco minutos de la plaza de armas de la ciudad de Ica. Un poblado con mucha historia: aún se puede encontrar a expertos pescadores tejiendo sus redes para la faena diaria. Este no es el barrio más pobre pero, es humilde. Humilde y olvidado. «Todavía hay gente que vive en casas de esteras, recubiertas de barro», dice Eber Díaz, amable taxista que nos traslada.

En las calles de Comatrana se respira amabilidad: la gente sonríe y saluda sin problemas. Las puertas de las casas están abiertas por ventilación y por la confianza de su gente. Los colores de las fachadas, en algunos casos, son vívidos. Y lo son, por el simple hecho de haber sido pintadas hace no mucho tiempo. Comatrana, como gran parte de Ica, quedó en el piso por el terremoto del 15 de agosto de 2007. «Mi casa se cayó por completo», afirma—con mirada y voz desencajada—Blanca Bernaola, mientras nos muestra el módulo en el que vive. A sus 66 años de edad, con uno de los más antiguos y tradicionales apellidos del caserío, ha visto caer por completo el Hospital Regional frente a su casa. Ahora, lo mira con aire paradójico, al hallarse entre restos de lo que fue su casa, justo cuando una enorme edificación se levanta para el hospital. «El año pasado iban a darnos módulos de material noble, pero hasta ahora nada», culmina la afligida Bernaola.

 

Algunos pobladores de Ica aún viven en módulos precarios.

 

 

Obras realizadas

Algunos pocos ejemplos, sirven para mostrar que en Ica las cosas avanzan, tal vez, no a pasos agigantados pero sí, muy silenciosamente, a paso seguro. La Institución Educativa, Antonia Moreno de Cáceres, que literalmente fue tragada por la tierra, hoy se encuentra en un estupendo estado. Su reconstrucción total, fue realizada en tiempo record. Caso parecido al que perciben los alumnos del plantel educativo San Luis Gonzaga, quienes en época de clases, acuden tranquilos a su Bicentenario Colegio Nacional, al encontrarlo totalmente rehabilitado. Las paredes rajadas o zonas maltrechas ya pasaron a la historia.

Sin embargo, hace muy poco, el secretario general del Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación (SUTE ICA), Fernando Tambras, explicaba que se han ido «arreglando y remodelando instituciones educativas emblemáticas que se encuentran en el centro de la ciudad» pero no la totalidad de las escuelas.  Esto pasa en zonas  rurales como «San José de los Molinos en Ica» donde existen centros educativos destruidos con alumnos que estudian bajo esteras. Los pobladores siguen esperando que la ayuda llegue pronto no para ellos, sino para sus hijos. ¿Alguien puede decirnos cuántos recursos recibió Ica para sobreponerse a su dolor? ¿Alguien puede rendir cuentas, respecto a qué se hizo con ese dinero? ¿Puede alguien asegurar que ningún sol fue a parar a bolsillos corruptos?  Quizá —como es habitual— nunca lo sabremos.

 

La I.E. Antonio Moreno de Cáceres es una de las escuelas reconstruidas en tiempo record.

 

 

Tema aparte

El ser humano necesita tener fe. Fe para llenar su espíritu. Más aún, si esta fe se basa en la religión. Prueba de ello, son las incontables protestas que los pobladores iqueños realizan para que no se demuela el ícono religioso de la ciudad: el Santuario del Señor de Luren. «No deberían tumbarlo, deben reconstruirlo. Es nuestro patrono», responde contundente Marco Álvarez, sentado en una destartalada silla de paja, en la puerta de su casa ubicada al costado del santuario. Voces locales afirman que se puede rescatar y restaurar con mucho menor monto (300 mil soles) a diferencia de lo planeado para una reconstrucción o réplica total (15 millones de soles). Humberto Palacios Miró Quesada, arquitecto restaurador, explica que la edificación del santuario, fue ladrillo a ladrillo únicamente con el aporte de la civilidad iqueña, por la fe que le tienen a su Patrón. Su demolición sería  «un atentado de lesa cultura».

 

 

El Santuario del Señor de Luren está a punto de ser demolido.

 

Que la historia no se repita. La desgracia es siempre mayor cuando no se la espera. El sur del país quizá este pagando muy caro el olvido de las leyes de la naturaleza. Y los gobernantes, su poca capacidad reconstructiva. Que Ica no siga esperando más, pues sus muertos, no pueden descansar en paz.


*Texto original publicado en la edición de febrero de la revista peruana Justo Medio.

 

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