Pepe Alva tiene fuego en sus manos

Si escuchamos el nombre José Luis Alva Centurión, muchos no nos inmutaríamos. Si, en vez de eso, escuchamos “Pepe Alva”, podríamos empezar a cantar la renovada “Matarina, matarina, matarina de algodón; si no lloran tus ojitos, llorará tu corazón.” Hoy, Pepe Alva, entrega “Fuego en sus manos”, canción escrita para el equipo de vóley peruano en el mundial. Él reaparece y se reinspira. No vive soñando ser millonario o famoso, tan sólo escribe lo que le nace.



 
Entrevista: Octubre 27 de 2010


Pepe Alva casi nunca se quita los lentes de marco negro y luna amarillenta que lleva todo el día. Vive en una zona antigua, pero muy tradicional en Lima. Es casi medio día y hace frío en la Capital: Alva tiene un gorro blanco tejido en lana, una chompa negra, un jean acampanado y unas zapatillas Super Reno que, en internet, se pueden encontrar desde 8 soles y que son la versión nacional de unas costosas Converse-All Stars. No es muy alto y siempre anda moviéndose. Éste es un tipo cool, buena onda, buenas vibras. Es todo eso y más: es un cantautor que siente que anda jugando a la ruleta rusa o que vive en el limbo: en el limbo del mercado musical.

—Si tú quieres hacer algo honesto y bueno, tienes que hacer lo que te sale del corazón. Y, no necesariamente, lo que te sale del corazón puede que sea comercial o pegajoso.

Alva es uno de los tantos artistas que, además de conocer su calidad, vive con esperanza, confianza y fe en su suerte. En su propia suerte. Pero, ¿es sencillo pegar el ojo en las noches, sabiendo que tu música no será un hit mundial o que, posiblemente, tengas sólo para el día a día? Sí, él cree, sabe y siente que la suerte aplica un papel fundamental en este medio. Siempre hay algo bueno al final. Prefiere no preocuparse, seguir viviendo y haciendo lo que le gusta y emociona. Con eso le alcanza para vivir en este departamento acogedor y sencillo donde estamos.

—Por eso no has venido a hacerme la entrevista en una mansión. Está de puta madre, acá en Lima, pero no vivo en la casa de Robbie Williams o Enrique Iglesias. Es decir, cada uno va a su paso y a su nivel.

Pepe Alva nació en Ohio, Estados Unidos, en 1971. La familia vino con él a Perú cuando tenía tan sólo un año de nacido. Estudió la escuela primaria en Talara, una provincia del caluroso departamento de Piura, al norte del país. Luego, se trasladaron a Trujillo, a unas 8 horas de Lima, donde estudió la secundaria en el colegio San José Obrero. Allí formó su primera banda para tocar covers y posteriormente, nacería su grupo UREP (Perú al revés) que en realidad, casi todo el tiempo, se dedicó a ensayar. ¡Quién te iba a contratar, pues! Guarda los mejores recuerdos de aquella época, de la escuela, de su casa en una zona que ahora no es tan divertida, del centro de la ciudad.

Trujillo. Trujillo. Trujillo. Alva no sólo lleva tatuada la luna (Shi) de los Moche ni un ‘Trujillobonito’ en sus polos, también lleva por el mundo un lazo inextinguible con esta ciudad: sabe que las bases de su vida entera se hicieron en esa bonita ciudad.

—Recuerdo mucho a mis amigos jugando en diferentes lugares de El Golf, cuando era más pampón y había chacras alrededor o jugando por Huamán.

—¿Consideras que hay un vínculo muy fuerte con Trujillo en tu vida?

—Claro, tengo para irme y morirme ahí si quiero. Yo creo que la secundaria a todo ser humano lo marca. Trujillo para mí, es todo.

Luego de estos inicios con la música, de un momento a otro, la familia Alva regresa a Estados Unidos a vivir. Apenas había terminado el colegio y tenía 17 años. Pepe Alva lleva impreso en las venas la línea artística de herencia: su padre es artista, tenor y poeta y tiene una Maestría en una universidad norteamericana. Tal vez, por ahí, es la comprensión paterna cuando Pepe Alva decide dejar los estudios de Jazz que había iniciado en Miami.

—Yo estaba con muchas ansias de realizar mi proyecto. Entonces me dijo: chequéalo ahora y luego retomas. Nunca retomé. Decía que esto era difícil pero que sea consciente que había que trabajar y ser bueno.

En Estados Unidos, Alva, ha descubierto que extrañar al Perú más la añoranza, en conjunto, son parte de lo que hay plasmado en su trabajo. Tiene un valor agregado o diferenciado de cualquier artista con que se le compare: decir que “la inspiración la recibe de los ancestros Mochicas e Incas y los sonidos andinos”, no es una frase cliché para él.

—Yo creo que uno no se da cuenta cuál es su inspiración en el momento. La inspiración se va a ver reflejada en tu trabajo. Tú no vas a estar diciendo qué es tu inspiración.

—Es decir, ¿no hay una inspiración previa y consciente?

—No. Tienes que mirar y analizar el sonido de tu trabajo. Cómo has compuesto esta parte; ahí es donde se refleja tu inspiración. Ahí es donde descubres a los Moches. Yo no estudié música andina ni estudie para tocar el charango —dice Pepe Alva algo emocionado y alterado por si a alguien le queda duda.

Cuando Alva empieza a enumerar a los artistas con los que ha trabajado, viajado o compartido, se escucha el sonido inconfundible del silbato-armónica de un afilador de cuchillos que pasa cerca al edificio: Charly García, Fabulosos Cádillacs, Sin Bandera, Juanes, Nito Mestre, Los Pericos, Café Tacuba, Miky Gonzalez, Jorge Pardo, Pedro Suárez; la lista no termina y el sonido peculiar del silbato tampoco.

Pepe Alva no lleva mucho tiempo tocando en Perú. Artísticamente hablando, debe sentir que su historia acá recién se está empezando a escribir. Todo su trabajo discográfico ha sido desarrollado en el extranjero. Así como ocurrió con el divertido video de “Huellas”, donde estuvo expuesto a una multa por hacer tanta locura, o como “Fuego en sus manos”, la canción del mundial de vóley que acaba de lanzar y que fue escrita en su casa de Miami.

—Es una alegría, satisfacción, honor y un orgullo que usen la canción para el mundial.

Mientras más veamos los partidos de la selección, mejor energía les damos, dice Alva en una entrevista televisiva. Así es él. Buenas vibras trujillanas.

Video Huellas de Pepe Alva.

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