El Abejorro, último guardián del Humanismo

Un cuento a continuación de un texto.
Victor Turner: “Muchona el Abejorro, interprete de la religión”
Si leen el texto de Turner entenderán mucho más, luego ya, podrían volver a releer este humilde texto.

 

Se ha levantado y me mira como si no me conociese. He salido tras él y como él. Apurado y descalzo. Soñoliento aún y sin asearme. Marcha rápido al derrumbe de mis sueños mientras yo, abro mi libreta. Llevamos un buen rato caminando y no tengo idea que le sucede. Sus pisadas son fuertes, muy fuertes. Estoy pensando que posiblemente ha sido un error traerlo aquí. Ayer por la tarde miró de lejos el paisaje y dijo en voz alta, que teníamos mucho que conversar. Se ha sentado y al alcanzarlo, Muchona me ha dicho: es la segunda vez que veo el mar. La primera, durante mi travesía al llegar y ahora con usted. Resulta inmenso el camino si pretendo regresar, culminó al retornar su vista al horizonte.

Llevo horas sentado junto a él y no he encontrado respuesta a ninguna de las dos preguntas con las que pensaba iniciar el día. Ya solo las tacho. Ahora recapacito y me digo si es posible que al decir, que había mucho de que conversar, sea por que llegó la hora tal vez, de hablar solo. Sus ojos brillan y tomándose el pelo cano que tiene, mueve la cabeza repetidas veces. Se lamenta. Anda recordando alguna charla o pelea. Puede imaginar hablar con alguien. Puede recriminarse a si mismo acciones o inacciones. Hoy la distancia le recuerda lo qué es. De dónde es.

Me ha dicho días antes, que lleva tiempo sin haber imaginado la razón por la cuál le sucedió esto. Sabe que es una persona con suerte, que logró salir de una vida de sufrimiento y discriminación. De conveniencia y de aborrecimiento. Son largos los años vividos en la sierra luego de huir de su tierra en busca de una persona importante para él. Ha llegado a parar en Perú y una vez más, el destino se ha encargado de jugar a las interrogantes. Lo interrogo yo. ¿Por qué me he cruzado con Muchona?

Un familiar de visita en casa, me dijo que debía conocer a una persona importante en su tierra. Un anciano muy reconocido y culto, que gusta de buenas conversaciones y que habla ya, varios idiomas. Partí acompañándolo mientras en el viaje me contaba la historia del ‘africano extraviado’. Muchona vive en un pueblecito, muy lejos de la ciudad.

No es mucho el tiempo que separan los días de mi lectura del texto de Víctor Turner y este inimaginable encuentro. Creo que es hora de insistir con una pregunta más a Muchona que está echado sobre la arena. Ni siquiera se inmuta. Esta bien, nos tomaremos tiempo para conocernos en silencio, como quieras, le respondo dentro mío.

Hemos pasado juntos dos días: al llegar al pueblo y al traerlo hasta aquí, como él mismo me lo pidió. Recuerdo que me hacía muchas preguntas sobre mi ciudad. Si yo tenía computador y si había estudiado en algún lugar. Preguntaba cómo había leído sobre él y si había más gente que lo conociese mediante la lectura. Si es que eran niños o si todos eran de mi edad. Luego dijo, me pregunto si en la escuela de la ciudad a donde pertenece este pueblo hay libros como ese. Ha preguntado –como recuerdo al ver mis notas– si hay mucha gente que conoce a Científicos y Filósofos. Si alguien se encarga de llevar la información. Me preguntó también, si yo me informo sólo por el internet. Le respondí que no. Así como supe de tu historia, de la misma manera es como me informo y estudio. Leyendo. ¿Libros o que?, me pregunta. Pues, el internet es una plataforma de la información, respondí. ¿Cree que dicha plataforma a la gente donde yo vivía o donde vivo ahora, le es muy útil? No tomé mucho tiempo en pensar y solo dije, ¿y por qué no? Pues porque la Globalización, el internet y todo lo que el ser humano anda digitalizando está haciendo dejar en el olvido aquella base de la conciencia humana, el humanismo. La gente que muere de hambre, si no tiene un centavo para comer, mucho menos le alcanzará para informarse con el internet. La función lógica del humanismo era poder enseñar al ser humano a vivir y ser útil, ¿Cómo lográbamos esto? Mediante la lectura, muchacho. Que solución le hayamos a la gente que no lee, si cuando puede hacerlo, el mundo anda dividido en dos. Entre los que pueden leer en su computador historias de mundo y medio al revés y entre aquellos pobres hombres y mujeres, que son la mayor parte del mundo, que no pueden tener acceso a esa gloriosa telecomunicación, a dicha Globalización.

Muchona está dormido. Tiene un gustoso ronquido. Parece estar nuevamente en África. He encontrado una página en mi libreta donde él me pregunta, durante el viaje, si recuerdo a Platón, en Fedro. Le comenté temeroso, que sí tenía alguna noción del texto. Sócrates, joven, le dice a Fedro:

…Trasímaco y cualquier otro que enseñe con seriedad el arte retórico, describirá en primer lugar y con toda exactitud el alma, y hará ver en ello si es por naturaleza una e idéntica.

Extrañado y a punto de responder, me interrumpe y sigue hablando.

Intentaré explicarte, dice Sócrates a Fedro, que el poder de las palabras se encuentra en que son capaces de guiar las almas”, termina.

Nuevamente te digo, la palabra y el lenguaje escrito es pues, la única manera de humanizar a las personas, de dar vida al alma, concluyó. Muchona no habló cosas más importantes el resto del día. No dudo que con eso bastó, sabiendo que me había dejado pensando.

Un pequeño muimuy roza su pie cerca al agua y lo hace saltar. Me mira y algo me dice que ha regresado. Veo que has tomado muy bien las notas de nuestra conversación ayer, refiere. ¿Y usted como sabe eso?  No olvides que sé y puedo hacer cosas que no mucha gente entiende. En relación a eso, no preguntaré mucho, pienso. ¿Que le parece si hablamos un poco más de lo que veníamos conversando ayer al atardecer?, me propone. Yo gustoso acepto. Hablemos pues, de algunas ideas que podamos relacionar con la obra de Peter Sloterdijk, se me adelanta en el tema. En primer lugar recordemos un poco, jovencito, el detalle de Globalización. Aquella que como le dije, anda dividiendo al mundo con ese Mercado y esas Nuevas Tecnologías de las que nos habla Lozano Rendón.[1] Ahora me toca a mí, no me inmutaré mi querido amigo, ante tu subliminal cátedra, me digo. Muchona habla y habla, se vuelve muy filósofo sentado en la arena y haciéndose entender muy poco.

Recuerda, que como lo explica Sloterdijk:

“la función del humanismo no ha sido otra que ‘domesticar’ a los seres humanos”.

El problema entonces se genera cuando el ser humano cuestiona si existe algo que domesticar/nos. Muchona me habla y mira al horizonte. Puedo estar seguro que esta vez, es un hecho y está hablando conmigo.

Han desaparecido los sabios y, sus textos ya no nos son familiares, ni próximos. Los hemos puesto en estantería, los hemos…archivado“.

Debo apresurar a Muchona en la conversación ya que la movilidad hacia la ciudad, está próxima. Me arrepiento, sigamos con la charla.

Me hace saber que, el papel a cumplir por el ser humano en la sociedad tecnológica y la educación que le debe ser impartida a tal efecto es un tema ineludible. Yo le pregunto entonces, cómo si no existe nada fuera de la Globalización, el ha llegado a ser una persona tan culta. Sin dudarlo dos veces, Muchona me mira y esboza una breve sonrisa en su rostro. Las constantes visitas a la tribu de personas extrañas a nuestras costumbres. Eso y el preguntar habitualmente, me han permitido estar vivo aún. Imaginar que soy parte del humanismo, casi inexistente, para algunos como yo, es perfecto. Espero ser parte. Si no lo fuese, no creo estar contándote lo sucedido. Por último, déjame poner sobre la mesa algo mucho más claro para ti. Muchona me asusta cuando deja el respeto –indebido- y me tutea. Solo me queda escucharlo y no pensar mucho por el miedo a que sepa que es lo que ronda por mi mente. Clava sus ojos en los mios y empieza:

Tienes que tener en cuenta que el progreso de una sociedad no significa  tecnología de punta. No significa competitividad. El progreso –apuntalo muy claro– debe de ser el bienestar y desarrollo del  individuo y de la sociedad misma. El modelo humanista es una posición antagónica a la ideológica que concibe al hombre como un  consumidor. Como fabricante y poseedor de objetos. Es posible que estés conversando con uno de los últimos conservadores o guardianes del humanismo. Es posible también que mis teorías, de por sí mejor explicadas, por personajes protagonistas en el tema, pasen cada día más al olvido o sufran una metamorfosis.

Estoy escuchando todo lo que Muchona me dice pero no puedo responder a nada. Siento que él habla, yo pienso y me entiende. No puedo siquiera moverme y lo escucho nuevamente.

Con esto termino, hijo, para no aburrirte más y me voy. El avance de la sociedad en conjunto está en juego. Se que falta mucho aún, pero los Estados de alguna forma tienen que preocuparse muy pronto por, cuando menos, alentar alianzas entre el humanismo y la tecnología, en el ámbito educativo. Es la única solución.

Muchona se ha puesto de pie y camina por la orilla, lo último que alcancé a oír es que no me preocupe, que él iba hacia su destino.

Un sabio más que se aleja de la Humanidad.

 

 


 

 

 

1 thought on “El Abejorro, último guardián del Humanismo

  • Hola;

    Creo que la frase de Sloterdijk -“la función del humanismo no ha sido otra que ‘domesticar’ a los seres humanos”- tiene una raíz nietzscheana. La cuestión es que el humanismo nos ha llevado a ese hombre-animal-rebaño. Somos mamíferos domesticados. Así es. Entonces, ¿qué hacer? ¿Qué sentido tiene el humanismo? Pues, criar a los humanos para que sean unos hombres máquinas producidos desde el norte del globo bajo los paradigmas de la globalización, el desarrollo, el progreso y el capital. Así de sencillo.

    Leer: “Carta sobre el humanismo” de Heidegger, como respuesta a Sartre y su “El existencialismo es un humanismo”.

    El humanismo enajena, aliena, nos hace animales, demasiado animales.

    La domesticación produce al hombre rebaño. No más educación. No más tutoría de las democracias. Creo que eso es lo que podemos rescatar. Por la Ilustración es que ha vencido el especialista y el técnico y ha muerto el sabido.

    Saludos,
    Ricardo

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