EL REFERENTE MAXIMO DEL PERIODISMO PARTIO HACE UN AÑO

Admirado y maestro de periodistas: Ryszard Kapuscinski.

Fabricio E. Cerna Salazar – Estudiante de periodismo – UPC
Publicado en el diario La Industria 10/02/2008

Ryszard Kapuscinski

Nació en 1932. A los 13 años se mudó a Varsovia. Su primer contacto con los textos fue durante la adolescencia escribiendo poemas. Su primer libro fue de versos. Un tiempo después, fue animado a trabajar en un periódico como crítico de poesía. Por los años 50, la agencia de prensa polaca PAP, no se dio cuenta que el jovencito que enviaba como corresponsal a Medio Oriente, África y América Latina terminaría siendo ‘uno de los pocos grandes’.

Su vida sólo la dedicó a viajar y no dejar de hacerlo. De escribir y describir cada lugar apasionándose por los pueblos de la tierra por donde pasó.

Reportero -como gustaba lo llamen-lo fue casi desde que aprendió a escribir. Autor de una veintena de libros con más de un millón de ventas. Era el autor polaco traducido a treinta y dos idiomas y el más publicado en el extranjero. Fue elegido en 1999 mejor Periodista del Siglo XX. Distinguido con el premio Príncipe de Asturias (2003) por «su preocupación por los sectores más desfavorecidos y por su independencia frente a presiones de todo signo, que han tratado de tergiversar su mensaje». Doctor Honoris Causa por numerosas universidades importantes. Premio Literario Elsa Morante (2005).

 

*****

 

Los cinco sentidos del Periodista’ fue el libro por el que te descubrí. En un taller para periodistas y yo, recién empezando la carrera, conocí tu trabajo. Un ‘experimentado’, nos explicó mucho de tu libro. Libro el cual no había llegado a manos de mucha gente y que, en realidad, fue otorgado como regalo por la Fundación de García Márquez sólo a periodistas destacados. Estoy sentado intentado escribir algo para ti, tratando -como tanta gente más-rendirte un mínimo homenaje que no alcanza ni siquiera para escribir por completo, tu nombre, Maestro. Hoy me hubiera gustado recibir ese libro por ser el periodista destacado que aún no soy y con mucho orgullo y sin temor, dedicarte estas líneas.

*****

Terminaba hacía poco de leer Los Cinco Sentidos, cuando era hora de presentarme a una entrevista. Al sentarme y mirar a los ojos a mis evaluadores, lo juro, me encomendé a mis padres y a ti. Era un paso que anduve buscando hace mucho. En una de las tantas preguntas y del sudor que desprendía por nerviosismo me encontré con una que me pareció fácil de contestar.

  • – ¿Qué periodista admiras más?

Sonreí y pretendí poner a prueba a mis entrevistadores para ver si te conocían.

  • – El Maestro, Ryszard Kapuscinski.

Me fui de bruces, ya que no terminaba de pronunciar bien tu nombre, cuando la evaluadora me miró y  dijo:

  • – Acaba de fallecer ¿verdad?

Quedé mudo al repasar en mi mente al menos tres veces lo que acababa de escuchar.

  • – Tengo casi dos semanas haciendo mis papeles y preparándolos para esta entrevista, no he sabido nada. Respondí.

Todo el cableado de concentración que tenía en la entrevista desapareció. Apareció, más bien, el recuerdo de aquellas bellas frases que leí en Ébano. De todos tus trabajos de reportajes por varios países. De aquellos instantes en los cuales eran tanta la satisfacción de leerte que me hubiera gustado ir inmediatamente hacia África. Me recordé al llegar corriendo y tomar el libro de esa edición tan simpática de tapas duras de ABC y leer-te. Te recordé en Los cínicos no sirven para este oficio’ cuando en otro momento me choqué con la edición de bolsillo. Cuando se me quedó grabada una línea del texto para siempre. “Para ser un buen periodista es conveniente ser una buena persona, ser capaz de sentir empatía con el prójimo”.  Ese libro lo tengo cerca de mí y siempre reviso lo subrayado para no olvidar como debo ser.  Ser como tú lo fuiste.

Sentía mucho frío en esa pequeña oficina. Frío como si el alma se alejara del cuerpo. Como si de quién habláramos fuera de un ser querido, un ser cercano. Cercano eras, aunque no me di cuenta hasta ese mismo momento. Mi cara, de seguro era pálida, ya que sin dudarlo dos veces, el otro evaluador, puso su mano sobre su colega y le dijo:

  • – No asustes así al muchacho, te debes haber confundido.

*****

Soy sincero y te digo, que no me atreví a entrar a internet y averiguar si era cierto lo dicho. Con el pasar de las horas, días y semanas, me fui enterando lo que había ocurrido. Era cierto, te habías ido. Te fuiste en el momento menos indicado. En el momento en que la Humanidad necesita más que nunca de personas como tú, que nos expliquen y nos enseñen los caminos a seguir. Viviste convencido de que las sombras inmensas que se ciernen sobre la Humanidad sólo desaparecerán si se conocen, si no se esconden, si no se ocultan.

«Es erróneo escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un poco de vida», escribió Kapuscinski. Por esto mismo es que al inicio dije que me hubiera gustado ser algo más para poder escribir este texto. Discúlpame por no respetar tu ley.

Hasta siempre, Maestro. En el primer año que te andamos recordando.

                                                                         

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *